Música

Sacad de aquí ese culo apestoso y otras historias del jazz

La Bolden Band

La Bolden Band

Una noche de julio de 1902 la banda de Buddy Bolden tocaba en uno de los habituales bailes que se organizaban en el Union Sons Hall, un local situado en la zona de Nueva Orleáns conocida como Back o’ Town, el distrito de la prostitución negra anexo al legendario barrio rojo de Storyville. Si los domingos por la mañana aquel edificio albergaba las misas de la First Lincoln Baptist Church, las noches de los sábados solía acoger alegres juergas que invariablemente acababan al amanecer, poco antes de que los diáconos de la iglesia hicieran acto de presencia para airear el local y limpiar a conciencia la cerveza derramada por doquier. El público que asistía a aquellas farras estaba compuesto por trabajadores negros, marineros, camioneros, estibadores, lavanderas, putas, chulos y una variopinta fauna unida por figurar sus nombres en abundantes informes policiales.

Buddy Bolden era famoso por su incapacidad para leer una partitura y por la fuerza con la que tocaba la corneta, y su banda, a diferencia de las bandas tradicionales de metales, con su aire militar y sus uniformes, era un grupo heterogéneo con bastante aversión hacia la disciplina. Sin embargo, en aquellos bailes de la Union Sons Hall eran un reclamo, la gente sabía que si Buddy y sus muchachos animaban la fiesta, ésta sería todo un éxito.

 Aquella noche de verano el público comenzó a llegar sobre las nueve, en el pequeño escenario elevado en un extremo de la sala la banda había comenzado a caldear el ambiente. En poco tiempo la multitud se agolpa en el vestíbulo y la humareda es tan densa que cuesta respirar. La temperatura ronda los treinta grados y la humedad que llega del golfo de México sobrepasa el ochenta por ciento. En un rincón alguien ha instalado una mesa donde no paran de servir vasos de cerveza de barril, los temas se suceden sin transición, se reservan las florituras sólo para las melodías. Cada vez tocan más alto, más fuerte, Bolden parece empeñado en exprimir toda su potencia a la corneta, que a estas alturas ya tiene que estar sonando hasta en el French Quarter. La temperatura del interior de la sala se hace insoportable mientras la gente en la pista no para de bailar el grizzly bear o el shimmy, gritando, pateando, quitándose la ropa. Hay algunos que se desmayan o caen exhaustos en los bancos que hay contra la pared, el aire hace rato que se ha convertido en una sopa sólida que apesta a alcohol, humo, almizcle y sudor.

Boddy Bolden

Boddy Bolden

 La banda está atacando “All the Whores Like the Way I Ride”, con un énfasis que dejaría pequeños a los Mötley Crüe en sus buenos tiempos, cuando Buddy Bolden hace un gesto con la mano y la música para de golpe. El público, desconcertado, mira al escenario, Bolden se levanta y grita: “Por el amor de Dios, !abrid una ventana! Y sacad de aquí ese culo funky”. La gente estalla en carcajadas y algunos logran por fin abrir algunos de los enormes ventanales. Un soplo de aire caliente del exterior se introduce en la sala, los músicos cogen aire y Bolden vuelve a dar la orden de poner en marcha la apisonadora. Más tarde, cuando el público vuelve a casa desordenadamente, en su mayor parte ebrio, no paran de repetir jocosamente “sacad de aquí ese culo funky”.

 Una semana después la banda de Bolden toca en el Odd Felows and Masonic Hall, apenas a un par de manzanas, para entonces la frase se ha convertido ya en la coletilla con la que se saludan los colegas, los borrachos, los barberos, los cocineros y los trabajadores domésticos de Nueva Orleáns. Sin venir a cuento, la gente se aproxima por la calle a los amigos con el semblante serio y, de repente, suelta a bocajarro: “sacad de aquí ese culo funki”. Por eso el público que acude a aquella actuación en el Odd Felows se queda de piedra cuando Willie Cornish, sujetando firmemente su trombón de pistones comienza a cantar: “I thought I heard Buddy Bolden say/ Funky butt, funky butt, take it away…”. La canción se convierte inmediatamente en un hit underground, la silban las putas en las esquinas, la tararean por lo bajo los oficinistas, la cantan en las cantinas y los prostíbulos los enrollados, la aúllan los solitarios y la gritan a voz en cuello los alcohólicos. Hasta la sala del Union Sons Hall queda bautizada para la posteridad como Funky Butt Hall.

Jelly Roll Morton 1

Jelly Roll Morton

 La palabra funki, que en el argot de la época no definía un estilo musical sino un olor nauseabundo, hizo que aquel tema no se pudiese registrar hasta décadas después. Los músicos siguieron tocándola, en honor al bueno de Buddy Bolden, que acabó demasiado joven encerrado e incomunicado en un hospital para enfermos mentales de Jackson hasta su muerte, en 1931. No sobrevivió ninguna grabación original de la Bolden Band y no fue hasta finales de los años 30 cuando Jelly Roll Morton “el viejo marinero del jazz de Nueva Orleáns”, como le llama Luc Sante, la grabó con el título de “Buddy Bolden’s Blues”, haciendo pasar a la posteridad a aquel fantasma de trágico destino.

  • La historia de la canción “Funky butt”, así como otras informaciones, han sido extraídas del libro de Luc Sante, Mata a tus idolos, Libros del KO, 2011.

Anuncios

4 pensamientos en “Sacad de aquí ese culo apestoso y otras historias del jazz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s